8/30/2007

UNA ESTAMPA TRISTE

MONTEMOR- O-NOVO / PORTUGAL

Me despierto triste. Hay una luz extraña en la habitación, salgo de la cama
y cuando abro las cortinas de mi celda/habitación (en el convento/espacio de
creación) veo que está todo el valle blanco. Abro la ventana y lo confirmo,
hay una niebla densa y no se escucha nada y sólo se ven los árboles que
están cerca de la ventana y nada más.
Me visto con urgencia y salgo fuera del convento. Empiezo a caminar hacia el
valle, subo por la muralla que rodea el convento, me asomo y compruebo que
el pueblo no se ve. Bajo la muralla, cojo un camino, ando rápido, no sé a
dónde voy, pero necesito ver el valle, el campo de olivos, la casita blanca
habitada y la colina vecina con un molino blanco totalmente conservado. Oigo
cencerros, huele a ovejas y pienso que me gustaría verlas. Cojo otro camino,
paso al lado de un coche aparcado debajo de un árbol con un tipo dentro que
no hace nada, pero no le miro, paso de largo y ando con más fuerza hasta que
llego a otro cruce de caminos. Estoy delante del campo de olivos que tanto
me gusta porque lo veo cada día desde mi estudio, veo como cambia de color a
medida que pasan las horas. Encuentro un lugar donde sentarme para seguir
mirando con calma, hay mucho silencio, sólo los cencerros y algún coche muy
lejano y la niebla que se va disipando, casi se ha ido. Entonces aparecen
las ovejas, que no son muchas, pastando de una colina a la otra y pienso que
me gustaría ver al pastor, pero no aparece. Me pongo triste y casi lloro y
sigo mirando dejando que los pensamientos pasen de largo y con ganas de ver
al pastor con sus ovejas. En breve lloro de manera muy suave, nórdica, casi
imperceptible cuando oigo un perro que ladra no muy lejos de mi, a unos diez
metros, lo veo removerse, olfateando hacia donde yo estoy con aires
chulescos y territoriales. Me asusto en el primer momento, le miro sin decir
nada y oigo una voz que le indica algo al perro y veo para mi sorpresa que
no muy lejos de él está el pastor, claro, el pastor como escondido,
silencioso, invisible, adaptado a la montaña, casi imperceptible por su
quietud y conocimiento del terreno y me pregunto cuánto hace que están ahí;
desde que he llegado, o quizás ha sido después y no me he dado cuenta, yo
tan inmersa en mis deseos que siempre se acaban cumpliendo, como este
momento, por ejemplo, quería ver al pastor y resultaba que estaba a mi lado.
Mi biografía, tan poco calculada y tan llena de coincidencias deseadas.
Levanto el brazo para saludar al pastor, soy correspondida con el mismo
gesto y me emociono así es giro la cabeza hacia el valle y me pongo a llorar
de manera nórdica porque no quiero que él y el perro me vean, pero
seguramente se me nota triste por la posición de mi cuerpo y la respiración.
Me quedo muy quieta porque no quiero que el perro ladre y sigo mirando las
ovejas, como hace el pastor, los dos hacemos lo mismo sin mirarnos, con las
caras hacia la misma dirección, no le veo, pero lo noto. Mientras, yo sigo
las diferentes líneas líquidas que se deslizan por mi cara, que bajan por el
cuello, esternón, estómago y barriga, que entran por el ombligo y vuelven a
subir recorriendo el camino inverso e interno hasta llegar a los ojos, así
una y otra vez en un continium lento de sal y líquido delante de un campo de
olivos.

1 comentarios:

David dijo...

leo tu subidón ovejil
y 5 minutos después me bajo
al estanco
a comprar tabaco
en el estanco
suena
born to be alive
(a suitcase and an old guitar and something new to change my mind mind mind)

co

in

ci

den

cia


1bso

 
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